lunes, 30 de noviembre de 2015

El Lamentable Espectáculo del Pan Actual en España

Nuestros repartidores nos han traído imágenes de cómo se entrega el pan en la mayoría de los establecimientos de venta de pan hoy en día. Fijaos en las imágenes que aquí os aportamos y que vemos cada mañana. No se sabe si es pan o una caja de basura, ahí tirada en la calle. 



De hecho no creemos que debiera llamarse pan a un producto que no aporta nada absolutamente a las comidas, y que debe consumirse en 24 horas. ¿Es pan una cosa que dura apenas unas horas? ¡Pero si el buen pan siempre se ha reconocido por tener larga conservación ya cocido y terminado! Ya hablamos en otro post de este asunto y generó mucho interés, porque la mayoría de la gente desconoce cosas como que el pan precocido y ultracongelado no puede volver a congelarse en casa, o que debe consumirse en el día.

No se está informando, porque no interesa. Se pretede que la gente vea todo el pan más o menos igual. Que piensen que el pan congelado no está tan mal. Nadie se plantea su carga de aditivos y de productos químicos (para restaurar su textura en los hornos), o que ni siquiera es conveniente comerlo pasados unos días. Está hecho para calentarlo y consumirlo en un par de horas, si es posible caliente, para camuflar su vulgaridad. 

Nosotros, amantes de este oficio, nos fijamos mucho en los temas relacionados con el pan, y nos sentimos dolidos cuando vemos nuestro producto tan tirado por los suelos, tan maltratado, tirado literalmente en las puertas de los comercios a primera hora de la mañana, tan poco apreciado por la mayoría de la gente. ¿A quien le importa como alimento? Realmente a muy poquitas personas. 

En países con una legislación igual a la nuestra en materia de panadería, como Estados Unidos o Inglaterra, donde no hay protección del panadero artesano, el público ha terminado asociando la idea de pan con el producto industrial cargado de aditivos que copa el 95% de su mercado. El siguente paso ha sido la aparición de movimentos contra el pan y el trigo, demonizando estos alimentros como causa de muchos problemas de salud.

Nosotros os pedimos que vosotros, que si leéis esta página es porque os interesa el tema, habléis de este asunto con vuestros amigos y conocidos. Un pan tradicional sólo tiene harina, agua, sal y levaduras naturales. Un pan congelado tiene amilasas, xantano, pentosas, lisina, lecitinas, ácidos grasos, correctores de acidez, propanoatos, grasas saturadas, diacetato sódico, sorbato, butilhidroxianisol... ¡y todo eso lo ingerís tres o cuatro veces al día! El pan no es una hamburguesa, una pizza industrial congelada, un plato precocinado lleno de conservantes, y otras muchas cosas que se toman una vez al mes, o de vez en cuando. El pan es algo que tomáis y dáis a vuestros hijos varias veces todos los días. Hay que concienciarse y tener mucho cuidado, pedir las etiquetas de envasado, saber lo que contienen. No es una broma. 



Os sorprendería saber la cantidad de gente con sensibilidad o intolerancia al gluten que compra el pan en nuestra tahona. Están descubriendo que su supuesta "sensibilidad al gluten no celíaca" es en realidad una reacción a los panes industriales rebosantes de aditivos y químicos. Por no mencionar las condiciones en las que estos productos se distribuyen (ahí tirados por las calles, como en las fotos), cómo se recalientan y se despachan. 

Sabemos que es un producto barato, pues está hecho con lo peor de lo peor, pero... ¿realmente merece la pena? Hoy hacíamos una sencilla cuenta comparando el peso y precio de una de estas "pistolas congeladas" con las de los panaderos artesanos que conocemos en la provincia de Toledo. El resultado era 2,10 euros el kilo de pan industrial por 2,70 el kilo de artesano. Teniendo en cuenta que un español medio consume 250gr de pan al día, el ahorro diário es de 15 miserables céntimos. 

El remate de todo este tema son los panes congelados supuestamente gourmet o de "mejor calidad". Si ya nos parece una locura comer una porquería barata, no os quiero contar la gilipollez que es comer lo mismo pero caro, con todavía más aditivos para simular texturas y sabores artesanos.

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